La anemia infecciosa equina (AIE) es una enfermedad viral infecciosa que afecta a miembros de la familia Equidae como caballos, burros, mulares, pero afecta mayoritariamente a los caballos. Este virus se caracteriza por mutar constantemente. He ahí su complejidad.
El virus en sangre necesita pasar de un portador a otro, donde hay dos tipos de transmisión principales. Por medio vectores (insectos hematófagos), tales como tábanos y moscas mordedoras (mosca de los establos), o por transmisión iatrogénica debido al uso indebido de agujas, jeringas y otro tipo de materiales reutilizados entre caballos.
La incubación del virus puede ser variable, con un periodo de incubación de 7 a 30 días que puede llegar hasta 90 días. Los caballos infectados pueden presentar signos tales como anemia, fiebre, trombocitopenia, edema, pérdida de peso en casos crónicos, entre otros, y pueden desarrollar 3 presentaciones clínicas: agudo o peragudo con manifestación clínica severa y en algunos casos contados la muerte del animal; crónica con signos clínicos que duran de días a semanas y periodos de latencia e infección recurrente; y asintomático donde no hay presentación de signos clínicos y es la que nos genera más problemas, ya que el caballo es portador silencioso de la enfermedad de por vida.
El diagnóstico de la enfermedad es complejo, pero se basa en los signos e historial clínico. Sin embargo, la prueba diagnóstica definitiva de la enfermedad a nivel nacional e internacional es la prueba de inmunodifusión en agar o también conocida como coggins-test.
Como el virus muta constantemente, no existe una vacuna como tratamiento, y debido a la complejidad de la enfermedad y las consecuencias en la industria equina, la prevención es fundamental. A la sospecha de enfermedad, debemos denunciar obligatoriamente al SAG, y es aquí donde nuestro rol como médicos veterinarios es fundamental, tanto en el manejo de los casos como de las recomendaciones que damos a los cuidadores de los equinos.
Por un lado, se debe vigilar específicamente en el manejo y bioseguridad como no reutilizar materiales como agujas y jeringas entre caballos, limpiar exhaustivamente implemento de uso compartido entre animales, identificar animales que presenten signos clínicos como fiebre y anemia, y con ello aislar animales sanos de enfermos.
Por otro lado, una labor no menos importante de nuestro rol de concientizar a los cuidadores sobre la prevención, los cuidados, el manejo y el seguimiento de los periodos establecidos de cuarentena en los equinos, para así evitar la propagación de este virus, que se encuentra en vigilancia activa, y diversos brotes entre 2024 y 2025.



