(Nota escrita por la Dra. Pilar Sepúlveda Varas para El Mercurio Campo).
Los problemas de salud representan una de las principales causas de pérdidas productivas en los sistemas lecheros. Enfermedades como la mastitis, las cojeras o los trastornos metabólicos no solo afectan el bienestar de los animales, sino que también generan importantes costos asociados a tratamientos, disminución en la producción de leche y descarte temprano de vacas.
Resultados obtenidos por nuestro grupo de investigación, muestran que en rebaños lecheros del sur de Chile la prevalencia de metritis (enfermedad uterina que afecta la salud y el desempeño reproductivo de las vacas), alcanza aproximadamente un 17% en promedio. Sin embargo, existe una gran variabilidad entre predios: mientras algunos rebaños presentan prevalencias inferiores al 10%, en otros pueden superar el 40%. Un patrón similar se observa en otras enfermedades que también contribuyen al descarte temprano de vacas. Esta variabilidad entre rebaños sugiere que factores asociados al manejo predial pueden aumentar o reducir el riesgo de enfermedad.
Las vacas presentan patrones relativamente estables de comportamiento diario, conocidos como presupuesto de tiempo. En condiciones normales, distribuyen su día entre descanso, alimentación, rumia y desplazamiento. Cuando estos patrones cambian de forma consistente, generalmente existe una causa subyacente. Entre las causas más frecuentes se encuentran el dolor o enfermedad, cambios en el ambiente, limitaciones en el acceso al alimento o al agua, y problemas de confort o manejo. Diversos estudios han demostrado que alteraciones en el comportamiento pueden aparecer antes de que los signos clínicos sean visibles.
Por ejemplo, vacas que posteriormente desarrollan enfermedades metabólicas o infecciosas suelen presentar antes una disminución de actividad en el tiempo de descanso, en la alimentación o en la rumia. Una vaca adulta sana pasa aproximadamente entre 10 y 12 horas al día echada en sistemas confinados y entre 7 y 10 horas en sistemas pastoriles. Durante este período ocurre gran parte de la rumia y se favorece la circulación sanguínea hacia la glándula mamaria, lo que contribuye al proceso de producción de leche.
Cuando las vacas no pueden descansar lo suficiente se observan efectos negativos como disminución en la producción de leche, mayor riesgo de cojera, aumento del estrés y mayor incidencia de enfermedades metabólicas. Por esta razón, los cambios en el comportamiento de descanso suelen ser una de las primeras señales de que algo no está funcionando adecuadamente en el sistema productivo.
En los últimos años, dispositivos electrónicos para monitorear el comportamiento han comenzado a utilizarse también en sistemas lecheros pastoriles. Estos sistemas permiten registrar de forma continua variables como el tiempo de descanso, el número de transiciones entre estar de pie y echada, y el tiempo dedicado a la rumia.
Estudios realizados por nuestro grupo de investigación, demostraron que las vacas que desarrollaron enfermedades como metritis, cojeras o mastitis presentaron diferencias en sus patrones de comportamiento versus las vacas sanas incluso días antes de ser diagnosticadas como enfermas. Además, observamos que factores climáticos como la lluvia y el estrés por calor pueden influir en el tiempo diario de descanso y rumia. También notamos que condiciones ambientales adversas como la presencia de barro en el invierno pueden afectar al descanso de las vacas, reduciendo el tiempo que pasan echadas y aumentando el tiempo que están de pie.
A pesar de los avances tecnológicos, la observación diaria del rebaño es una herramienta clave. Si las vacas permanecen demasiado tiempo de pie, se retrasan al caminar hacia la sala de ordeña, le dedican menos tiempo a la alimentación o rumia, o se separan del grupo, pueden ser señales tempranas de problemas sanitarios o de manejo. Su comportamiento refleja cómo experimentan su entorno. Aprender a observar a las vacas e interpretar estas señales permite detectar tempranamente problemas de salud y evaluar si el sistema productivo está respondiendo adecuadamente a las necesidades de los animales.
Esta herramienta simple pero efectiva de “observar lo que dicen” las vacas a través de su comportamiento mejora tanto el bienestar animal como la eficiencia productiva del rebaño.






